El Súper RIGI sigue trabado en el Senado y el Gobierno negocia cambios para no repetir otro traspié
Publicado: 20 / 08 /2026El Súper RIGI volvió a chocar con la realidad del Senado. El plenario de comisiones no logró dictamen, el secretario de Hacienda faltó a la cita y los bloques aliados volvieron a pedir cambios en puntos sensibles del proyecto. La iniciativa, pensada para atraer inversiones de más de mil millones de dólares, sigue sin despegar del todo y el Gobierno ya admite que deberá negociar más de lo que esperaba.
La demora tiene un valor político propio. El oficialismo venía de una discusión dura en el Congreso y quería mostrar orden en su agenda legislativa. Pero el tratamiento del nuevo régimen de incentivos para grandes inversiones expuso otra vez la dependencia de La Libertad Avanza respecto de los aliados. Sin acuerdos cerrados, el texto no consigue el empujón que necesita para salir del Senado sin sobresaltos.
El proyecto apunta a sectores que el Gobierno considera estratégicos para la próxima etapa de la economía: tecnología, minería, energía, data centers y otras actividades de gran escala que todavía no tienen despliegue suficiente en el país. La apuesta es ofrecer reglas más estables durante años para que el capital privado se anime a proyectos de largo plazo. La discusión, sin embargo, quedó atrapada entre esa promesa y los reparos por su costo fiscal, ambiental y productivo.
Las objeciones que frenan el dictamen
Entre las críticas que más se repiten aparecen tres ejes: el impacto ambiental, la participación de las provincias y el lugar de los proveedores locales. Algunos aliados no quieren votar un texto que, según su mirada, deje afuera controles suficientes sobre agua, energía y desarrollo territorial. También hay reparos sobre el artículo que habilita el denominado “compre nacional”, porque temen que la redacción final no termine de proteger a la industria local.
La ausencia de funcionarios del Ejecutivo en la última reunión no ayudó a destrabar la discusión. En un tema tan técnico como sensible, los senadores aliados querían respuestas concretas sobre la letra chica. Sin esas aclaraciones, el plenario quedó otra vez en pausa y la posibilidad de un dictamen inmediato se desinfló.
Qué quiere preservar el Gobierno
La Casa Rosada no quiere resignar el corazón del proyecto: un régimen con reglas más largas, beneficios fiscales y un horizonte de previsibilidad para proyectos que hoy no se concretan. El objetivo oficial es que el Súper RIGI funcione como señal de confianza para capitales que miran a la Argentina con interés, pero que necesitan un marco jurídico que sobreviva más allá del ruido político de corto plazo.
Por eso el Gobierno empieza a barajar cambios sin tocar la arquitectura general. Sabe que si modifica demasiado el esquema, corre el riesgo de vaciarlo. Pero también entiende que, si no cede en nada, la iniciativa puede quedar varada otra vez en el Senado y volver a Diputados, con más demora y menos autoridad política.
Un proyecto que vuelve al centro de la pulseada
El retraso del dictamen confirma que el Senado sigue siendo el lugar donde el oficialismo debe negociar cada avance. El Súper RIGI no está muerto ni mucho menos, pero quedó expuesto a una dinámica conocida: la de un Gobierno que intenta imponer velocidad y aliados que prefieren revisar el texto antes de acompañarlo. Si hay cambios, la discusión podría estirarse y el proyecto regresar a Diputados para una segunda vuelta.
En términos políticos, ese escenario vale tanto como el contenido de la ley. Porque muestra hasta dónde llega la capacidad del Gobierno para ordenar una mayoría y cuánto depende todavía de acuerdos parciales. El Súper RIGI sigue en carrera, pero ya no como una pieza automática de la agenda: ahora es una negociación abierta que puede definir cuánta fuerza legislativa conserva la Casa Rosada después de sus primeros tropiezos.
