El Gobierno activa fondos del Tesoro para ordenar la obra social militar
Publicado: 01 / 10 /2026El Gobierno nacional puso en marcha una etapa clave para normalizar la atención médica del personal de las Fuerzas Armadas y sus familias: la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA) asumió la cobertura plena y comenzó el proceso de cancelación de la deuda heredada del viejo IOSFA, estimada por distintas comunicaciones oficiales y sectoriales en más de $200.000 millones.
La decisión tiene un doble alcance. Por un lado, busca recomponer una red prestacional que venía acumulando cortes, demoras y reclamos de afiliados. Por el otro, implica el uso de fondos públicos para ordenar un pasivo que arrastraba a hospitales, clínicas, farmacias y proveedores de insumos. En términos políticos, el movimiento expone una tensión sensible para la administración nacional: sostener la promesa de disciplina fiscal mientras interviene para evitar que una obra social estatal siga funcionando con prestaciones debilitadas.
La nueva estructura surge del DNU 88/2026, que dispuso la disolución y liquidación del Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y separó la cobertura de las Fuerzas Armadas de la correspondiente a Gendarmería Nacional y Prefectura Naval. Desde entonces, OSFA quedó bajo la órbita del Ministerio de Defensa, con el objetivo de concentrar la atención del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.
El punto más urgente es sanitario. La crisis previa había golpeado a afiliados que denunciaban dificultades para acceder a medicamentos, estudios, tratamientos prolongados y reintegros. También afectó a prestadores que acumulaban acreencias y, en algunos casos, restringían la atención. La regularización anunciada intenta reconstruir ese circuito: pagar deuda, recuperar confianza con proveedores y sostener prestaciones en todo el país.
El antecedente inmediato es una transición que el propio decreto definió como compleja. La liquidación del viejo instituto debía ordenar activos, personal, compromisos y deudas, al mismo tiempo que garantizaba que los beneficiarios no perdieran cobertura. Ese equilibrio es el que ahora queda bajo examen: si los pagos se traducen en atención efectiva, la medida puede descomprimir meses de conflicto; si el proceso se demora, la crisis volverá a sentirse en consultorios, farmacias y turnos médicos.
La discusión seguirá abierta en dos planos. En el Congreso y los organismos de control, por el impacto fiscal y el modo de financiar la cancelación del pasivo. En la vida cotidiana de los afiliados, por algo más concreto: que la nueva obra social logre transformar el anuncio en prestaciones estables, previsibles y sin interrupciones.
