Fate: la Justicia frenó el desalojo y dejó abierto un conflicto que presiona a Kicillof

Publicado: 01 / 10 /2026

La Justicia bonaerense frenó por ahora el desalojo de la planta de Fate en San Fernando y dejó abierto un conflicto que ya lleva varios meses, cientos de empleos en juego y una presión política creciente sobre el gobierno de Axel Kicillof. La Sala II de la Cámara de Apelación y Garantías de San Isidro concedió un recurso de casación con efecto suspensivo, por lo que los trabajadores podrán permanecer en el predio hasta que intervenga el Tribunal de Casación.

La resolución cambia el calendario inmediato pero no resuelve el fondo del problema. Fate cerró su planta de Virreyes en febrero y anunció el despido de 920 empleados. Desde entonces, el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino sostiene una ocupación del establecimiento y denuncia que se trató de un lockout patronal. La empresa, propiedad de Javier Madanes Quintanilla, atribuyó la decisión a cambios en el mercado, pérdida de competitividad y caída de la producción local.

El caso se volvió una postal de una discusión más amplia sobre industria, importaciones, empleo y rol del Estado. En los últimos años, el sector del neumático ya había atravesado fuertes conflictos salariales y productivos. Pero el cierre de una planta histórica de la zona norte bonaerense llevó la tensión a otro nivel: no se trata sólo de paritarias, sino de continuidad laboral, uso del predio y posibilidad de reactivación.

La primera orden de desalojo había sido leída por el gremio como un intento de resolver por vía penal un conflicto laboral todavía abierto. La suspensión judicial le dio aire a los trabajadores, aunque también prolonga la incertidumbre sobre salarios adeudados, indemnizaciones, inventario de bienes y futuro de la fábrica.

La dimensión política aparece porque la planta está en territorio bonaerense y el gremio reclamó una intervención más activa de Kicillof. El gobernador defendió en distintas ocasiones la necesidad de sostener la producción y el empleo industrial, pero el conflicto de Fate lo enfrenta a una pregunta concreta: qué herramientas puede usar la Provincia cuando una compañía privada cierra, despide y judicializa la recuperación del inmueble.

Para las familias afectadas, la suspensión del desalojo es apenas una pausa. Mantiene a los trabajadores dentro de la planta y evita una salida por la fuerza, pero no garantiza que vuelva la producción ni que se reconstruyan los ingresos. El próximo paso estará en Casación y en la mesa política: si no aparece una salida negociada, el conflicto seguirá acumulando costo social en San Fernando y costo institucional para todos los actores que prometen defender el trabajo.