Bullrich se despegó del pedido de jury contra juezas del régimen penal juvenil
Publicado: 25 / 09 /2026Patricia Bullrich marcó una diferencia sensible dentro del oficialismo al rechazar que se impulse un juicio político contra juezas que frenaron la aplicación del nuevo régimen penal juvenil. La posición de la senadora, una de las figuras más duras en materia de seguridad, abrió un matiz político porque el tema combina delito, menores, autonomía judicial y presión pública.
El conflicto gira alrededor de decisiones judiciales que suspendieron la puesta en marcha de la norma que redujo la edad de imputabilidad. Sectores del Gobierno y de la administración porteña habían alentado respuestas disciplinarias contra las magistradas, pero Bullrich sostuvo que no correspondía avanzar por ese camino, aun cuando cuestionó el alcance de los fallos.
La diferencia no es menor. Bullrich fue una de las principales impulsoras del endurecimiento del régimen penal juvenil y defendió durante meses la necesidad de bajar la edad de responsabilidad penal. Sin embargo, esta vez separó la discusión de fondo sobre seguridad de la idea de sancionar políticamente a jueces por una resolución. Ese límite introduce una señal institucional en un debate que suele quedar atrapado entre consignas punitivas y rechazos automáticos.
El régimen penal juvenil forma parte de una discusión larga en la Argentina. Durante años convivieron dos diagnósticos: por un lado, el reclamo de actualización de una normativa considerada vieja e insuficiente frente a delitos graves cometidos por adolescentes; por otro, las advertencias de especialistas y organismos internacionales sobre el riesgo de responder con castigo sin fortalecer dispositivos de protección, educación, salud mental y reinserción.
Las recomendaciones del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas fueron citadas en la controversia porque pidieron a la Argentina evitar retrocesos en estándares de responsabilidad penal adolescente. Ese antecedente no resuelve por sí solo la discusión local, pero obliga a mirar el problema más allá del impacto inmediato de un caso policial o judicial.
Para las familias afectadas por hechos de inseguridad, la demora o suspensión de la ley puede ser leída como falta de respuesta. Para quienes trabajan con niñez y adolescencia, aplicar un régimen penal sin infraestructura adecuada puede producir castigo sin prevención. Esa tensión explica por qué el tema divide incluso a dirigentes que comparten una agenda de orden público.
El episodio deja abierto un doble frente: el judicial, donde deberá definirse el alcance de las medidas que frenaron la aplicación de la ley, y el político, donde el oficialismo deberá decidir si sostiene una estrategia de presión sobre magistrados o acepta que la implementación del régimen necesitará ajustes administrativos, presupuestarios y federales para no quedar en una consigna.
