El Gobierno impulsa un salario minimo garantizado de $1.070.000 en paritarias

Publicado: 30 / 08 /2026

La Secretaría de Trabajo empezó a empujar en la nueva ronda de negociaciones colectivas un piso salarial de $1.070.000 bruto para agosto de 2026. La referencia no reemplaza a cada convenio, pero marca el nivel sobre el que el Gobierno quiere ordenar las paritarias de los sectores que quedaron más rezagados.

El dato importa porque llega en medio de una economía donde el salario mínimo vital y móvil sigue muy por debajo de ese umbral, con un valor oficial de $376.600 para agosto. La brecha muestra que el Gobierno no está pensando en una suba horizontal para todos los trabajadores, sino en una pauta para discutir convenio por convenio, con especial atención en las categorías más bajas.

La propuesta aparece cruzada por la reforma laboral y por la caída del poder de compra. En la práctica, el Ejecutivo intenta empujar una referencia para sectores como maestranza, construcción o sanidad, donde buena parte de los salarios iniciales quedó muy retrasada frente a la inflación de los últimos tramos y a la recuperación incompleta de 2026.

Un piso que busca ordenar las paritarias

El planteo oficial no se presenta como un decreto general, sino como una señal para sentar a sindicatos y empresas en una nueva mesa de negociación. Ese formato le permite al Gobierno sostener que no interviene de manera directa en cada escala, aunque sí fija una referencia política muy clara para las discusiones que vienen.

  • El piso sugerido por Trabajo es de $1.070.000 bruto.
  • La referencia surge para agosto de 2026 y ronda los $860.000 de bolsillo, según estimaciones oficiales.
  • La pauta se piensa para convenios con salarios rezagados y no para casas particulares.
  • El salario mínimo oficial vigente en agosto sigue en $376.600.

La lectura política es doble. Por un lado, el Gobierno busca mostrar que no desconoce la pérdida de ingresos que golpea a amplios sectores formales. Por otro, intenta sostener su promesa de no convalidar un salto que, a su criterio, alimente la inercia inflacionaria o complique el objetivo fiscal.

Lo que cambia en la economía real

Si la pauta prospera, los primeros impactos podrían sentirse en las ramas más bajas de la estructura salarial y en algunas empresas con convenios propios. También podría abrir una referencia indirecta para otros sectores que hoy negocian desde una posición de debilidad, con salarios que ya no alcanzan para recomponer consumo ni para frenar el deterioro de los hogares.

El problema de fondo es que el mercado laboral argentino sigue partido en varias capas: trabajadores formales bajo convenio, empleados públicos, monotributistas, cuentapropistas e informales. En ese tablero, una referencia salarial alta puede funcionar como señal de orden, pero no resuelve por sí sola la desigualdad entre quienes están protegidos por una paritaria y quienes dependen de ingresos mucho más frágiles.

La discusión recién empieza y todavía necesita homologaciones, acuerdo empresario y validación política. Pero el mensaje ya quedó instalado: la Casa Rosada quiere usar la negociación salarial como una de sus herramientas para mostrar gestión, contener tensiones sociales y reordenar un mapa de ingresos que sigue en deuda con la recuperación.